La historia del tejido Vichy: de las rayas a los cuadros - Claudia de l'Horta

La historia del tejido Vichy: de las rayas a los cuadros

Hoy vengo a hablaros de uno de esos tejidos que parece que ha estado toda la vida con nosotros: el tejido Vichy.

Lo vemos en manteles, baberos, vestidos, camisas, cortinas… y probablemente muchos de nosotros lo asociamos inmediatamente a la infancia.

Pero hay algo curioso que quizá no sabes: el Vichy originalmente no tenía cuadros. Era de rayas.

El tejido llegó a Europa en el siglo XVII procedente del sudeste asiático. Su nombre se relaciona con el término malayo genggang, asociado a lo rayado o separado, y de ahí procede también el término inglés gingham.

Fue en Europa, y especialmente con la producción de las fábricas textiles de Manchester a mediados del siglo XVIII, cuando empezó a popularizarse la versión de cuadros que hoy reconocemos como Vichy.

¿Y por qué lo llamamos Vichy?

Aquí la historia se vuelve todavía más interesante.

En Francia, el tejido está relacionado con la ciudad de Vichy, famosa por sus aguas termales y convertida en un lugar de moda durante el siglo XIX.

En aquella época se fabricaban allí tejidos de algodón, inicialmente de rayas, y el motivo empezó a asociarse a la ciudad. La historia cuenta además que la emperatriz Eugenia y las damas de la corte contribuyeron a popularizar estas telas de rayas en tonos como el lila y el blanco.

Y desde entonces, el nombre Vichy quedó ligado a este tejido.

Y ahora viene una de mis cosas favoritas del Vichy

El Vichy auténtico no se estampa. Se teje.

Los hilos se tiñen antes de entrar en el telar y son esos hilos de distintos colores los que forman el dibujo de cuadros al entrecruzarse.

Por eso, cuando tienes delante un auténtico tejido Vichy, el dibujo se aprecia por las dos caras.

Puedes darle la vuelta:

¿Lo ves?

No hay un derecho y un revés claramente diferenciados.

Esto es importante porque existen telas con estampados de cuadros Vichy que visualmente pueden parecerse muchísimo, pero no están construidas de la misma manera.

Un tejido que ha sobrevivido a generaciones

¿Quién no ha llevado alguna vez un babero de cuadros Vichy?

Es uno de esos tejidos que forman parte de nuestros recuerdos.

Pero el Vichy no se ha quedado en la infancia.

Lo encontramos en manteles, servilletas, cortinas, prendas de vestir y todo tipo de proyectos de costura.

Y tiene otra ventaja maravillosa: al estar construido con hilos teñidos antes del tejido, el color forma parte de la propia estructura del tejido y no simplemente de una impresión superficial.

Por eso es un tejido especialmente agradecido para muchos usos y ha conseguido mantenerse vigente durante generaciones.

De la corte imperial al babero del cole

Y quizá eso sea precisamente lo que más me maravilla de los tejidos.

El Vichy ha pasado de los talleres y las modas de la Europa del siglo XIX a los baberos de nuestros niños, los manteles de nuestras cocinas y los proyectos de costura que hacemos hoy.

Los tejidos no pasan de moda.

Sencillamente, cambian de sitio.

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