Blog - Claudia de l'Horta

Entre Hilos y Sueños

Un espacio donde las telas se entrelazan con las emociones, las historias y los pequeños placeres del hogar

Pata de gallo: un perro o una gallina, según dónde estés

Esta tela tiene dos nombres, y según dónde estés es un perro o es una gallina. Aquí la llamamos pata de gallo, pero en inglés es diente de perro. Y detrás de ese dibujo tan conocido hay un manto de hace más de dos mil años que apareció doblado en una turbera de Suecia, con tres piedras encima y sin nadie dentro. Un dibujo, dos animales En español decimos pata de gallo. En francés es pied-de-poule, pata de gallina. Pero en inglés no ven un ave: lo llaman houndstooth, diente de perro, o también dogtooth. Y cuando el dibujo es muy pequeño lo llaman puppytooth, diente de cachorro. Es el mismo dibujo. Unos ven la huella de una gallina y otros la dentadura de un perro. Y en realidad no es ninguna de las dos cosas. Cómo se forma el dibujo La pata de gallo no se dibuja: sale del propio cruce de los hilos. Se teje en sarga, alternando cuatro hilos claros y cuatro oscuros, tanto en la urdimbre como en la trama. Como la sarga avanza en diagonal, al cruzarse aparecen esas formas de cuatro puntas. No hay perro ni gallina. Hay cuatro hilos claros y cuatro oscuros. La forma la pone tu ojo. El manto de Gerum En 1920, unos hombres que cortaban turba cerca de la montaña de Gerum, en el suroeste de Suecia, dieron con algo blando a casi un metro y medio de profundidad. Era un manto de lana de unos dos metros y medio de largo, tejido en pata de gallo. Está fechado entre el año 360 y el 100 antes de Cristo: tiene más de dos mil años. Es la prenda más antigua que se conserva en Suecia, y hoy está en el Museo Histórico de Estocolmo. Estaba doblado. Tenía tres piedras encima. Y no había ningún cuerpo. Lo que no sabemos El propio museo reconoce que nadie sabe quién lo dejó allí ni por qué. Se barajan tres posibilidades: Lo que sí sabemos Para tejer ese dibujo hace más de dos mil años había que saber contar hilos y planificar el dibujo antes de empezar. No es un tejido sencillo que salga por casualidad. El color tampoco lo tiñeron. Usaron lana blanca de oveja blanca y lana marrón de oveja marrón: el dibujo está hecho con los colores que daba el rebaño. Hoy se ve todo marrón porque pasó veinte siglos en la turba. Y un manto de ese tamaño pide un telar igual de grande. En esa época se tejía en telares verticales, con los hilos colgando y tensados con pesas de barro o de piedra. Eso dice mucho del taller que había detrás. El de Gerum no es, eso sí, el ejemplo más antiguo del dibujo. En las minas de sal de Hallstatt, en Austria, han aparecido fragmentos de tejidos en pata de gallo todavía más antiguos, de la Edad del Bronce La pata de gallo hoy Hoy la encuentras en casi cualquier fibra: lana, mezclas de lana, poliéster, viscosa o algodón. El dibujo no depende de la fibra, sino de cómo se cruzan los hilos. Lo que sí ha cambiado es que muchas veces ya no se teje: se estampa encima. Para distinguirlas, da la vuelta a la tela. Si es tejida, el dibujo se ve también por el revés, con los colores invertidos o algo más apagados. Si es estampada, por detrás verás la tela lisa o el dibujo muy pálido. [VERIFICAR: revísalo con tu pieza; si tu experiencia dice otra cosa, manda la tuya] En la tienda tengo una pieza de pata de gallo con un tacto parecido a la lana fría, pensada para un traje o una falda. Si te apetece verla en persona, pásate por Claudia de L’Horta, en Catarroja. Abrimos de 10:30 a 13:30 y de 17:30 a 20:00. ¿Y qué verían los que la tejieron hace dos mil años? Eso no lo sabremos nunca. Es lo único que la tela no nos cuenta.

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El lazo rosa no nació rosa

Todos reconocemos el lazo rosa. Pero la historia del lazo rosa empieza con otro color, el melocotón, y con una mujer que cosía lazos a mano en su casa. Cuando quisieron convertirlo en campaña comercial, ella dijo que no. Y el lazo cambió de color. Antes del rosa: un trozo de cinta Un lazo es, al final, un trozo de cinta. Y la cinta lleva mucho tiempo diciendo cosas sin palabras. En el París de mediados del siglo XIX, por ejemplo, los faldones de bautizo ya se adornaban con cintas rosas para las niñas y azules para los niños. El lazo como símbolo de una causa es mucho más reciente. En 1973 se hizo famosa una canción estadounidense sobre un preso que vuelve a casa y busca una cinta amarilla atada a un roble. Y en diciembre de 1979, durante la crisis de los rehenes de Irán, Penne Laingen, esposa de uno de los diplomáticos retenidos, ató una cinta amarilla a un árbol de su casa y propuso que otros hicieran lo mismo. Muchas familias la siguieron. En 1991 llegó el lazo rojo contra el sida, que el actor Jeremy Irons llevó en la solapa al presentar los premios Tony de ese año. A partir de ahí, cada causa quiso su color. The New York Times llegó a llamar a 1992 «el año del lazo». Charlotte Haley y el lazo melocotón Empezó a hacer lazos a mano en su casa. No eran rosas: eran de color melocotón. Los repartía en el supermercado de su barrio en paquetes de cinco, sujetos a una tarjeta. La tarjeta no hablaba de lazos ni de colores. Hablaba de dinero: cuánto dedicaba el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos a la prevención, y pedía a la gente que llevara el lazo para despertar a los políticos. Era un gesto pequeño, casero y con una petición muy concreta. Y empezó a correr de mano en mano. Un no y un cambio de color El lazo melocotón llegó a oídos de Alexandra Penney, directora de la revista Self, que preparaba su número anual dedicado al cáncer de mama. La revista trabajaba con Evelyn Lauder, vicepresidenta de la firma de cosmética Estée Lauder. Querían usar el lazo de Charlotte. Charlotte dijo que no. Le parecía demasiado comercial. Pero el símbolo les interesaba igualmente. Consultaron a sus abogados, y la salida que encontraron fue cambiar el color. Si el lazo era rosa y no melocotón, ya no era el lazo de ella: era otro, legalmente distinto. Cambiaron el melocotón por el rosa. Y siguieron adelante. 1992: el lazo rosa llega a los mostradores En octubre de 1992, Self publicó su número sobre el cáncer de mama con el lazo rosa, y Estée Lauder lo repartió en los mostradores de maquillaje de sus tiendas. Ese otoño se entregaron un millón y medio de lazos, cada uno con una tarjeta que enseñaba a hacer la autoexploración. El lazo más famoso del mundo nació de un no que nadie respetó. Un matiz, para ser justas con la historia: la Fundación Susan G. Komen asegura que ya repartió lazos rosas en su primera carrera de Nueva York, en octubre de 1991. Así que el rosa ya rondaba. Lo que convirtió ese lazo en el símbolo que hoy conoce todo el mundo fue la campaña de 1992. Lo que el lazo ha conseguido Y aun así, hay que decirlo: ese lazo ha hecho mucho bien. Ha puesto la palabra en todas partes, ha empujado la detección precoz y ha ayudado a recaudar mucho dinero para investigar. También ha tenido críticas. Desde hace años, algunas asociaciones de pacientes piden mirar con lupa los productos que se venden con el lazo y preguntarse cuánto llega de verdad a la investigación. Es, en el fondo, la misma pregunta que se hacía Charlotte en 1992. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez. Un trozo de cinta Charlotte cosía lazos en su cocina. Un trozo de cinta, una tarjeta y una petición clara. Treinta años después, su color casi nadie lo recuerda, pero su no sigue diciendo algo. A veces un trozo de tela dice más que cualquier discurso. Lo importante es no olvidar quién lo cosió primero, ni para qué.

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Los hilos más antiguos del mundo: lino teñido de rosa hace 30.000 años

Antes de escribir, ya hilábamos. Los hilos más antiguos que se conservan aparecieron en una cueva de Georgia, en el Cáucaso: fibras de lino salvaje retorcidas a mano y teñidas de colores hace más de treinta mil años. Y lo que más me sigue asombrando no es su edad, sino eso: que a alguien, en plena Edad de Hielo, ya le importara de qué color era su hilo. Una cueva en las faldas del Cáucaso La cueva se llama Dzudzuana y está en la región de Imereti, en el oeste de Georgia. Allí trabajó un equipo de arqueólogos dirigido por Eliso Kvavadze, del Museo Nacional de Georgia, y Ofer Bar-Yosef, de la Universidad de Harvard. Publicaron el hallazgo en la revista Science en septiembre de 2009. Lo curioso es que nadie encontró un ovillo ni un trozo de tela. Los hilos aparecieron al analizar al microscopio muestras de arcilla de las distintas capas del suelo de la cueva. Eran fibras diminutas, invisibles a simple vista, que habían sobrevivido decenas de miles de años atrapadas en el barro. La cueva estuvo habitada en varias épocas, y las capas más antiguas con fibras de lino se fechan por radiocarbono entre hace unos 36.000 y 31.000 años. Por eso se habla de «más de treinta mil años». Hilado, anudado y teñido Que haya fibras de lino en una cueva no tendría nada de especial: el lino crecía silvestre en los alrededores. Lo que hace único este hallazgo es lo que alguien hizo con ellas. Muchas fibras están retorcidas, que es la señal inequívoca de que se hilaron a mano. Algunas aparecen anudadas. Y otras están teñidas. Los colores que más se han citado son el negro, el gris, el turquesa y el rosa, aunque el estudio describe una gama todavía más amplia de tonos. Los propios investigadores interpretan esos colores como tintes intencionados, porque la mayoría de las fibras de la cueva conservan su color natural. Junto al lino aparecieron también pelos de tur, una cabra salvaje del Cáucaso, y restos de pequeños escarabajos que se alimentan de pieles. Todo junto dibuja un taller: gente que trabajaba pieles, que hilaba y que, muy probablemente, cosía. ¿Para qué servían esos hilos? Aquí hay que ser honestos: no lo sabemos con certeza. Los autores del estudio proponen varias posibilidades. Cuerdas para atar las puntas de piedra a sus mangos. Cestas. O hilo para coser pieles y hacer ropa y calzado con los que aguantar el frío. Lo que no se ha encontrado es una tela tejida en telar de esa época. Especialistas en historia textil como Elizabeth Barber recuerdan que el tejido propiamente dicho llega algo más tarde: las huellas de tejidos más antiguas que conocemos quedaron impresas en barro cocido en yacimientos de la actual República Checa, como Dolní Věstonice. Lo de Dzudzuana es el paso anterior, el primero: convertir una planta en hilo. Antes de la escritura, la cerámica y la agricultura Para hacerse una idea de lo lejos que queda todo esto conviene ponerlo en fila. La escritura nació en Mesopotamia hace unos 5.000 años. Esos hilos son, por tanto, unas seis veces más antiguos que la escritura. Son anteriores a la cerámica más antigua que conocemos, de hace unos 20.000 años, y a la agricultura, que empieza hace unos 11.000. Cuando alguien tiñó de rosa aquellas fibras, Europa y Asia estaban en plena última glaciación. Y aun así, con todo lo que había que hacer para sobrevivir, alguien se tomó el trabajo de buscar un color. Un hilo negro sujeta igual que uno rosa. Un hilo turquesa no abriga más que uno gris. Teñirlo no era una necesidad: era una elección. Por eso me gusta tanto esta historia. No hilamos solo para abrigarnos. Hilamos porque nos gustaba. Treinta mil años después, seguimos eligiendo color En la tienda lo veo cada día. Una clienta entra sabiendo qué tejido necesita, y luego pasa diez minutos delante de la estantería eligiendo el color. Es exactamente lo mismo que hacía alguien en aquella cueva. Algunas cosas que te ayudan a elegir bien: [CONFIRMAR: si tienes lino por metro en catálogo, aquí encaja un párrafo sobre él (tacto, caída, usos) con enlace al producto; si no, se queda así] Ven a elegir el tuyo Si estás pensando en un proyecto y no sabes qué tejido o qué color le va, pásate por Claudia de L’Horta, en Catarroja. Lo vemos juntas con la tela en la mano, que es como mejor se elige. Abrimos de 10:30 a 13:30 y de 17:30 a 20:00, y también puedes ver el catálogo en claudiadelhorta.com. Treinta mil años después, aquí seguimos. Eligiendo color.

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El semihilo: la tela que nació de una trampa legal

Hubo un tiempo en que el algodón puro estaba prohibido en Inglaterra. Y esta tela, no. El semihilo —lino y algodón, mezclados en el mismo tejido— no se inventó por capricho ni por diseño: nació de una limitación técnica y de una rendija en una ley. Y trescientos años después sigue en mi tienda, para manteles y para los pantalones del traje de valenciana. Año 1721: Inglaterra prohíbe el algodón A finales del siglo XVII, los tejidos de algodón estampado que llegaban de la India arrasaron el mercado europeo. Eran ligeros, lavables, de colores que no se iban y mucho más baratos que la lana y el lino que se producían en casa. El Parlamento inglés salió a proteger a los suyos. En 1700 se prohibió importar calicós estampados, y en 1721 se fue más lejos todavía: se prohibió la venta de casi todo tejido de algodón, importado o fabricado allí. Pero la ley dejaba una rendija. La rendija: urdimbre de lino, trama de algodón Un tipo de tejido quedaba exento: el que mezclaba urdimbre de lino con trama de algodón. En Inglaterra lo llamaban fustian. Aquí lo conocemos como semihilo, medio lino, mezcla de lino y algodón. Los fabricantes de Lancashire se metieron por esa rendija en masa. Si el algodón puro era ilegal pero el mixto no, pues mixto. Llegaron a producir tanto que los tejedores de lana pidieron al Parlamento que prohibiera también la mezcla. El Parlamento dijo que no. Y en 1736, con la llamada Manchester Act, lo puso por escrito: el lino con algodón era legal. Y además había un motivo técnico Esta es la parte que más me gusta, porque no tiene nada que ver con las leyes. Los hiladores europeos de aquella época sabían hilar algodón para la trama, pero no conseguían un hilo lo bastante fuerte para la urdimbre, que es la que aguanta toda la tensión del telar. Así que ponían lino en la urdimbre porque no sabían hacerlo de otra manera. Dicho de otro modo: el semihilo existe porque el lino daba la fuerza que el algodón, solo, todavía no alcanzaba. Qué aporta cada fibra Y eso es exactamente lo que sigue haciendo hoy, en tu mesa y en tu armario. El lino pone el cuerpo, la frescura y esa caída con peso que ninguna otra fibra consigue. Es una de las fibras vegetales más resistentes que existen y absorbe muy bien la humedad, por eso es tan agradecido en climas cálidos como el nuestro. El algodón le quita la aspereza, lo hace más dócil al coser y le baja el precio. Un lino cien por cien es precioso, pero es caro y bastante más exigente de trabajar. Juntos dan una tela con el carácter del lino y la amabilidad del algodón. Se arruga, sí —el lino siempre se arruga—, pero esa arruga es parte de lo que la hace bonita. Para qué se usa el semihilo En mi tienda de Catarroja el semihilo sale sobre todo para dos cosas: Mantelería. Es la tela del mantel que se saca en las comidas importantes: la Navidad, la comunión, el domingo con toda la familia. Tiene cuerpo, cae bien sobre la mesa, aguanta lavados y mejora con el uso. Es también una base estupenda para bordar, por si en casa hay tradición de ajuar. Indumentaria valenciana masculina. Se usa para los pantalones del traje, que tienen que aguantar un día entero de fiesta, de calle y de calor. El lino refresca y el algodón hace que la prenda se comporte bien al coser y al llevar. También funciona muy bien para visillos y cortinas ligeras, servilletas, y cualquier proyecto en el que quieras tacto natural sin el precio del lino puro. Cómo cuidarlo Lávalo en frío o a temperatura suave, y mejor sin suavizante: el suavizante deja una película sobre la fibra que apelmaza el tacto natural del lino. Plánchalo ligeramente húmedo, que es cuando mejor responde. Y asúmelo desde el principio: si quieres una tela que no se arrugue nunca, el semihilo no es tu tela. Si lo que quieres es una que envejezca bien, sí. Pásate a tocarlo El semihilo es de esas telas que por foto no se entienden. Hay que cogerla, ver cómo cae y notar la diferencia entre el hilo que da la fuerza y el que da la suavidad. Te espero en Camí Real, 91, Catarroja, o puedes escribirme si tienes dudas sobre qué cantidad necesitas o si te conviene esta mezcla para lo que tienes en mente. Para eso estoy. Y es que hay cosas que funcionan porque no son puras. Es en la mezcla donde reside la magia.

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Bucarán y tarlatana: dos tejidos que dan forma a la indumentaria valenciana

Hay una tela que en muchas tiendas de tejidos llamamos de dos maneras: bucarán o tarlatana. Se utilizan para una misma finalidad: dar volumen y estructura a las prendas sin añadir demasiado peso. Y aunque a simple vista puedan parecer lo mismo, no lo son. Son dos tejidos diferentes, con historias diferentes, que acabaron encontrando un lugar parecido en la confección. En la indumentaria valenciana, ambos son especialmente importantes para conseguir el volumen característico de las faldas. Pero ¿de dónde vienen estas telas y por qué tienen esa capacidad para mantener una forma? El bucarán: una tela que casi se puede esculpir El bucarán es uno de esos tejidos que hacen pensar que una tela puede ser mucho más que una superficie sobre la que coser. Se puede moldear, tensar y dar forma hasta conseguir una estructura determinada. Tradicionalmente, el tejido se humedece y se trabaja sobre una horma o estructura, adaptándolo a la forma que se quiere conseguir. Una vez seco, conserva esa estructura. Por eso el bucarán se ha utilizado durante siglos como una especie de armazón textil: no necesariamente es lo que vemos, pero sí puede ser lo que hace posible que aquello que vemos mantenga su forma. Y su nombre tiene una historia fascinante. La tradición relaciona la palabra bucarán con Bujará, una antigua ciudad de Asia Central, situada en la actual Uzbekistán y vinculada históricamente a las rutas comerciales de la seda. El término fue adoptando diferentes formas según la lengua y el lugar: bougran en francés, buckram en inglés o distintas variantes en italiano. Con el paso del tiempo, aquel tejido fino y apreciado fue evolucionando y adquiriendo usos cada vez más relacionados con la estructura y el soporte. Y ahí encontramos uno de sus usos más curiosos. El bucarán se utiliza en sombrerería para construir las estructuras que permiten que un sombrero conserve su forma. En creaciones de alta costura y sombrerería, lo que vemos puede ser seda, plumas, paja u otros materiales; debajo, sosteniendo todo aquello, puede encontrarse un armazón de bucarán. Es decir: no siempre se ve, pero está haciendo el trabajo importante. La tarlatana: otra historia, una función parecida La tarlatana tiene un origen diferente. Su nombre está relacionado con Tarare, una localidad francesa del departamento del Ródano donde se desarrolló su fabricación. Es un tejido ligero y abierto que, al igual que el bucarán, puede utilizarse para aportar volumen, estructura y cuerpo sin convertir la prenda en algo pesado. Y aquí es donde las historias de ambos tejidos se encuentran. Porque, aunque procedan de tradiciones diferentes, el resultado que buscamos en muchas prendas es muy parecido: conseguir volumen sin cargar de peso el tejido exterior. ¿Para qué se utilizan el bucarán y la tarlatana? Quizá uno de los ejemplos que tenemos más cerca sea precisamente el de la indumentaria valenciana. Una falda tradicional puede estar confeccionada con tejidos ricos y pesados, como determinados brocados. Para conseguir el volumen característico de la falda no necesitamos añadir más y más tela. Necesitamos estructura. Y ahí entran el bucarán y la tarlatana. También podemos encontrarlos en otros ámbitos de la confección: En todos estos casos hacen algo parecido: sostener sin convertirse en protagonistas. Bucarán o tarlatana para la indumentaria valenciana En Claudia de L’Horta trabajamos habitualmente con estos tejidos porque forman parte de las necesidades de quienes confeccionan o restauran prendas de indumentaria valenciana. Si estás buscando material para dar estructura y volumen a una falda, puedes encontrar bucarán y tarlatana en nuestra tienda, tanto para trabajos de indumentaria como para otros proyectos de confección. Y si no tienes claro cuál necesitas, pregúntanos. Porque en tejidos, como en casi todo, ponerle nombre a una tela es solo el principio: lo importante es saber qué quieres conseguir con ella. Una tela que sostiene sin que la veamos Hay algo que me fascina de estos tejidos. Llevan siglos haciendo algo muy sencillo y muy difícil al mismo tiempo: dar forma sin ocupar el centro. Sostienen una falda para que tenga volumen.Dan estructura a un sombrero para que conserve su forma.Ayudan a construir un tutú para que se eleve. Y casi siempre permanecen escondidos. Quizá por eso me gustan tanto. Porque después de tantos siglos dando forma a las cosas sin necesidad de estar delante, el bucarán y la tarlatana tienen algo que enseñarnos: también se puede estar y sostener sin necesidad de ser visto.

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Tela de batista: la historia de la tela que va pegada a la piel

Esta tela lleva el nombre de un hombre que quizá nunca existió. Y aun así, tiene una estatua. De hecho, ha tenido dos. Cambrai, la ciudad del lino más fino Cambrai, en el norte de Francia. Desde la Edad Media, sus telares tejían el lino más fino de Europa, con hilos que se hilaban en sótanos húmedos para que no se rompieran de tan delgados. Era una tela tan ligera y tan blanca que necesitaba un nombre propio. Al principio era de lino. Hoy es de algodón. Pero el nombre, y la leyenda, siguen siendo los mismos. Baptiste, el tejedor de la leyenda Cuenta la leyenda que la inventó, en el siglo XIII, un tejedor llamado Baptiste. La tela tomó su nombre: batista. Siglos después, la ciudad le levantó una estatua. Una bomba la destruyó en 1944, y Cambrai volvió a levantarle otra, que sigue hoy en su jardín público. El problema es que de Baptiste no hay ni rastro. Nadie ha podido demostrar que existiera. Su estatua es casi la única prueba de que alguien creyó en él. La otra leyenda: la tela del bautizo Hay otra historia: que era la tela con la que se secaba la cabeza a los niños después del bautismo. De ahí, batista. Tampoco está probada. Pero dice algo cierto: la batista siempre ha sido la primera tela que toca a alguien. La del bautizo. La de las enaguas. La de la camisa. Siempre pegada a la piel. El secreto de la batista está en el tejido Se teje en tafetán, el cruce más sencillo que existe: un hilo por arriba, otro por abajo, una y otra vez. Pero con hilos finísimos y muy apretados. Por eso es ligera como una pluma y, aun así, aguanta mucho más de lo que parece. La batista en el traje de valenciana Y sigue haciendo lo mismo. En el traje de valenciana está en la manteleta sobre los hombros, en las enaguas y como base para bordados de oro y seda. Es lo primero que se pone una fallera. Antes del brocado. Antes de las joyas. Batista de algodón en Claudia de L’Horta En la tienda tenemos batista 100 % algodón en blanco y en crudo. Para enaguas, camisas, ropa de bautizo, pañuelos, ropa de bebé o para la base de tu traje de valenciana. Ven a tocarla a la tienda de Catarroja. Es de esas telas que se entienden con los dedos. La primera que te pones, la última que te quitas Decía Paul Valéry que lo más profundo del ser humano es la piel. Porque todo lo que sentimos empieza ahí. Por eso importa tanto la tela que va pegada a ella: la primera que te pones y la última que te quitas.

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Tela de fieltro: la primera tela de la humanidad

Esta tela no está tejida. No tiene hilos, no tiene trama, no tiene derecho ni revés. Y es, probablemente, la primera tela que fabricó la humanidad. Es el fieltro. Me lo habéis pedido vosotras, así que aquí está. ¿Cómo se hace el fieltro? El fieltro no sale de un telar. Sale de apelmazar lana con agua, calor y fricción. Frotar y frotar hasta que las fibras se enganchan entre sí y ya no hay manera de separarlas. Por eso no tiene hilos ni dirección. Es una sola pieza compacta, igual por todas partes. El tejido de los pueblos nómadas Los pueblos nómadas de Asia Central y Siberia hacían fieltro así hace miles de años, mucho antes de saber tejer. Con él se vestían, se calzaban y forraban las yurtas, las tiendas redondas donde vivían. Era su abrigo, su casa y su suelo. Todo salía de la lana de sus animales y de sus manos. El cisne de fieltro de 2.400 años En 1949 pasó algo precioso. En unas tumbas heladas del valle de Pazyryk, en los montes Altái de Siberia, los arqueólogos encontraron los restos de uno de esos pueblos nómadas. El hielo lo había conservado todo, sobre todo los tejidos. Y entre las piezas apareció un cisne. Mide treinta centímetros. Tiene el cuerpo de fieltro blanco, el pico y las puntas de las alas en negro, y las patitas de fieltro rojizo sujetas con palos de madera para que se mantenga en pie. Está relleno de lana de reno. Tiene unos 2.400 años. Probablemente adornaba un carro o una tienda funeraria. Y para aquellos pueblos, el cisne simbolizaba la vida en tres mundos: el aire, la tierra y el agua. Alguien lo cosió a mano, en una yurta, en mitad de la estepa. Hoy se puede ver en el Museo del Hermitage de San Petersburgo. Es algo maravilloso. Fieltro para manualidades: el que usamos hoy El fieltro que tengo en la tienda no es de lana: es de poliéster, el que se usa hoy para manualidades. Y va perfecto para cualquier cosa que quieras hacer: Tiene 90 cm de ancho y lo tengo en varios colores. Ideal para adornos de Navidad, móviles para bebés, disfraces, marcapáginas, broches o manualidades con niños. Haz tu propio cisne Han pasado 2.400 años y seguimos haciendo lo mismo: coger un trozo de fieltro y convertirlo en algo que antes no existía. Así que ya lo sabes. Ven a la tienda de Catarroja, elige tus colores y haz tu propio cisne. Y si lo haces, enséñamelo.

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Tela de arpillera: del saco de patatas al MoMA de Nueva York

Esta tela fue durante siglos el símbolo de la pobreza. Hoy cuelga en el MoMA de Nueva York. Os hablo de la tela de saco, también llamada arpillera. Una tela que todos hemos tocado alguna vez y cuyo nombre casi nadie conoce. ¿De qué está hecha la arpillera? La arpillera se teje con yute, una planta que se cultiva sobre todo en Bangladesh y en la India. Es la segunda fibra natural más producida del mundo, solo por detrás del algodón. Se produce el triple de yute que de lana. Y aun así, casi nadie sabe cómo se llama. Dundee, la ciudad del yute y las ballenas ¿Y de dónde viene este tejido? En el siglo XIX, una ciudad escocesa se convirtió en la capital mundial del yute: Dundee. La fibra de yute es tan áspera y quebradiza que se rompía al hilarla. Para ablandarla, la trataban con aceite de ballena. Por eso, en Dundee, la industria ballenera y la del yute crecieron juntas, de la mano. Una de esas historias que parecen inventadas y no lo son. Un tejido que respira La arpillera fue fundamental para transportar café, azúcar o cereales. ¿Por qué? Porque es un tejido transpirable: deja pasar el aire y evita que la mercancía se humedezca. Por eso, todavía hoy, el café y el cacao viajan por el mundo en sacos de yute. De vestirse de saco a colgar en un museo Vestirse de saco era la imagen del que no tenía nada. Hasta que, en los años 50, alguien miró la arpillera de otra manera. Alberto Burri era médico. Empezó a pintar siendo prisionero de guerra en Estados Unidos y, al volver a Italia, convirtió los sacos de arpillera en su obra más famosa: la serie Sacchi. Sacos cosidos, remendados, quemados. Algunos de ellos habían llegado a Italia llenos de azúcar, como parte de la ayuda americana de posguerra. Hoy esas obras forman parte de las colecciones del MoMA de Nueva York o del Guggenheim. Usos de la tela de arpillera en casa y en decoración Fuera de los museos, la arpillera tiene mil vidas: Sin cambiar ni un hilo Un tejido que pasó de saco de patatas a estar colgado en un museo. Y sin cambiar ni un hilo. Porque a veces no hace falta ser otra cosa: hace falta que alguien te mire de la manera correcta. Si quieres verla y tocarla, te espero en la tienda de Catarroja. Tela de arpillera de yute natural en rollo, en la tienda Claudia de L’Horta

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Tela vichy: la historia del cuadro que empezó siendo de rayas

Hoy quiero hablaros del tejido vichy. Y voy a empezar con algo curioso: esta tela, en su origen, no tenía cuadros. Era de rayas. El origen de la tela vichy: de Asia a Manchester El vichy llegó a Europa en el siglo XVII desde el sudeste asiático, de la mano de los comerciantes que traían tejidos de Oriente. Su nombre viene del malayo genggang, que significa «rayado». Por eso en Inglaterra se le llama gingham. Los cuadros llegaron unos cien años después, en las fábricas textiles de Manchester. Allí el tejido se convirtió en lo que hoy reconocemos a primera vista: ese damero de dos colores, limpio y alegre, que parece que haya existido siempre. ¿Por qué en España lo llamamos vichy? Aquí no decimos gingham, decimos vichy. El nombre viene de la ciudad francesa donde se fabricaba, que tiene además su propia historia con la emperatriz Eugenia y sus damas de compañía, enamoradas de una tela rayada en tonos lilas… Pero esa historia es demasiado larga para hoy. Os la cuento otro día. El vichy auténtico no se estampa: se teje Esto casi nadie lo sabe. El vichy de verdad no se estampa. Se teje con los hilos ya teñidos: unos hilos de color cruzan con otros blancos, y donde se encuentran dos hilos de color aparece el tono más intenso. Así nacen los cuadros. Por eso el vichy no tiene revés. Dale la vuelta a la tela y mírala: es igual por las dos caras. Cómo distinguir un vichy auténtico de uno estampado Aquí va un truco que os servirá siempre. Si le das la vuelta a una tela de cuadros y por detrás se ve pálida o blanca, no es vichy. Es una tela con el dibujo impreso encima, como puede ser una loneta con estampado de cuadro vichy. No tiene nada de malo, cada tela tiene su uso. Pero conviene saber qué se está comprando. Una tela que aguanta todo: baberos, manteles y vestidos ¿Quién no ha llevado un babero de cuadros vichy de pequeño? Y no es casualidad. El vichy es un tejido muy agradecido: aguanta lavado tras lavado sin perder color, porque el color está dentro del hilo, no encima. Por eso es perfecto para manteles, servilletas, delantales, cortinas de cocina, ropa infantil o vestidos de verano. Es una tela que se usa, se lava y vuelve a la mesa como el primer día. De la corte imperial al mantel de tu casa Así que ya veis. De la corte imperial al babero del cole o al mantel de casa. Y esto es lo que a mí me maravilla: los tejidos no pasan de moda. Sencillamente, cambian de sitio. Si queréis ver y tocar nuestras telas vichy, os espero en la tienda de Catarroja. Os enseño cómo darles la vuelta.

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La retorta: el tejido secreto de la alta costura y la indumentaria valenciana

Si eres de Valencia, ya sabes lo que es la retorta. Un tejido 100% de algodón natural, clave en la confección de la indumentaria valenciana. Una tela que da volumen y cuerpo al traje. Pero ¿sabías que en francés se llama toile y que es el secreto mejor guardado de la alta costura? El secreto de Dior y Chanel Dior, Chanel, las grandes casas de moda lo usaban — y lo siguen usando. La razón es muy sencilla: los tejidos de lujo son tan caros que nadie se arriesga a cortarlos sin haber probado antes el patrón. Así que primero se confecciona la prenda entera en retorta. Se prueba, se ajusta, se perfecciona. Y solo entonces se corta la seda. Cada vestido de alta costura que ves en una pasarela ha sido creado antes en retorta. Un tejido con siglos de historia En la Edad Media, la retorta vestía a la plebe mientras los reyes lucían seda. Cruzó los siglos sin pedir reconocimiento, siendo siempre el molde, el borrador sobre el que otros tejidos brillaban. Y aquí, en Valencia, sigue haciendo lo mismo: sostiene desde dentro, en silencio, el traje más nuestro, el más orgulloso, el que más identidad lleva cosida en cada dobladillo. El magnetismo de lo invisible Ahí está el magnetismo de la retorta: en ser indispensable… y casi invisible. En estar siempre ahí, aunque nadie la nombre. Un tejido humilde que ha vestido a reyes sin saberlo — y que hoy sigue siendo el alma oculta de la indumentaria valenciana. ¿Necesitas retorta para tu traje o tu próximo proyecto de costura? Encuéntrala en nuestra tienda de Catarroja o en claudiadelhorta.com.

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El forro de acetato: de las alas de avión al interior de tu ropa

Antes de forrar chaquetas, este tejido forró las alas de los aviones de la Primera Guerra Mundial. Los aviones de aquella época tenían las alas cubiertas de tela de lino, barnizada para hacerla resistente e impermeable. El problema era que ese barniz era altamente inflamable, y eso costó la vida a muchos pilotos. Fue entonces cuando los hermanos Dreyfus encontraron la solución: el acetato de celulosa, un material que ardía hasta cinco veces más lento que el barniz anterior. Un avance que, literalmente, salvó vidas. Cuando terminó la guerra, la compañía estadounidense que producía este material para uso aeronáutico, recondujo su producción hacia el mundo de la costura. Y ahí comenzó una nueva historia. ¿Qué es exactamente el acetato? El acetato es un material semisintético. Esto significa que su materia prima —principalmente celulosa, obtenida de pulpa de madera o de algodón— es 100% de origen vegetal, pero pasa por un proceso químico que la transforma en fibra. Ese origen explica sus características: no da calor, transpira, es suave con la piel, no añade peso y mantiene la caída natural del tejido. Todo lo que se le pide a un buen forro. El forro de acetato en Claudia de l’Horta En nuestra tienda encontrarás forro de 100% acetato en una amplísima variedad de colores. Es uno de los tejidos más utilizados para la confección del traje de valenciana, y lo tenemos disponible tanto en tienda como en nuestra página web. De las alas de un avión de guerra… al interior de tu próxima prenda. No está mal para un forro, ¿verdad?

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historia de las sábanas: del lujo de los faraones a tu cama

¿Sabías que las sábanas fueron durante siglos un bien tan preciado que aparecían en los testamentos? La historia de este objeto tan cotidiano es mucho más fascinante de lo que parece. Los orígenes: solo para faraones Las primeras sábanas de la historia aparecen en el Antiguo Egipto, hace más de 5.000 años. Eran de lino tejido a mano y estaban reservadas exclusivamente para los faraones. En Mesopotamia y China también usaban telas para cubrirse al dormir — pero la mayoría de la gente dormía directamente sobre pieles de animales o paja. La Edad Media: sábanas que no se lavaban En la Edad Media, la cosa cambia. Las sábanas eran un bien de lujo tan apreciado que aparecían en los testamentos. Y precisamente por eso, casi no se lavaban — por no gastarlas. Aunque hay que añadir otro detalle: la gente tampoco se lavaba demasiado, porque creían que el agua caliente abría los poros y dejaba entrar las enfermedades. El olor de la Edad Media tuvo que ser, como mínimo, intenso. 😅 Luis XIV y el ritual de levantarse de la cama Ya en el siglo XVII, Luis XIV tenía un ritual llamado lever du roi — levantarse de la cama era un acto público al que asistían nobles de toda la corte. Las sábanas tenían que ser inmaculadas porque todos las veían. Para el Rey Sol, la cama era un escenario. Hoy: la cama sigue siendo un lugar de culto El descanso es uno de los factores más importantes para tu salud. Y las sábanas juegan un papel mayor del que crees — la temperatura, el tacto, el peso de la tela… todo afecta a cómo duermes. Así que elegir bien tus sábanas no es un capricho. Es una decisión de salud y de bienestar. Actúa como Luis XIV. Elige tus sábanas como el lujo que son y que mereces. ¿Qué sábanas encontrarás en Claudia de L’Horta? En nuestra tienda de Catarroja (Valencia) y en nuestra tienda online encontrarás juegos de sábanas de calidad — porque dormir bien empieza por elegir bien. Visítanos en el Camí Real, 91 o escríbenos por WhatsApp si tienes dudas.   ¿Quieres ver la tela en movimiento? [Mírala en nuestro Instagram]: https://www.instagram.com/reel/DY4Wrs2sSq9/?igsh=MTljZndidmFkNDZyOA==

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La Flor Liberty: más de 100 años de historia detrás del estampado más romántico

¿Conoces ese estampado de florecitas pequeñas que está tan de moda últimamente? Se llama flor Liberty. Y no, no es tendencia de ahora — tiene más de 100 años de historia detrás. La historia de Arthur Lasenby Liberty Todo empieza con Arthur Lasenby Liberty, hijo de un comerciante de tejidos, que abrió una pequeña tienda en Londres donde vendía tejidos y objetos que traía de Japón y el Lejano Oriente. Pero pronto se dio cuenta de que era más inteligente producir esos tejidos directamente en Inglaterra. Al mismo tiempo, empezó a apoyar a los artistas del movimiento Arts and Crafts — un movimiento nacido en aquel Londres industrial, frío y gris, que reclamaba volver a lo artesanal y a la belleza del detalle. Arthur Liberty encontró en la flor el símbolo perfecto de esa revolución silenciosa. Y así pasó de vender telas a convertir su tienda en el epicentro cultural de Londres, acogiendo a figuras como Oscar Wilde. Un estampado que ha vestido hasta a la realeza Hoy Liberty es un gran almacén londinense con más de 50.000 estampaciones de flor que han lucido hasta miembros de la realeza inglesa. Un estampado que nació como manifesto artístico y que nunca ha pasado de moda — porque la belleza del detalle no caduca. ¿Para qué puedes usar la tela Liberty? Liberty en Claudia de L’Horta En nuestra tienda de Catarroja (Valencia) y en nuestra tienda online no están las 50.000 estampaciones — pero sí encontrarás una selección preciosa para confeccionar todo lo que se te ocurra. Porque ya lo decía Oscar Wilde: «Uno debería ser una obra de arte… o llevar una puesta.» Te esperamos en el Camí Real, 91 de Catarroja o en nuestra tienda online. 🌸 ¿Quieres ver la tela en movimiento? 👉 [Mírala en nuestro Instagram] : https://www.instagram.com/reel/DVy4MDUgNOv/?igsh=MXFwem83dzU3Y3k2OA==

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La Loneta: la tela que desafió el mar y hoy decora tu casa

Hace más de 5.000 años, la lona ya era el material de referencia para las velas de los barcos y para resguardarse en el exterior. Se tejía con hilo de cáñamo — una fibra con una resistencia brutal para aguantar el viento, la sal y el mar. ¿De dónde viene el nombre «loneta»? Se producía en Olonne-sur-Mer, una ciudad de la costa francesa del golfo de Vizcaya. Los españoles empezamos a llamarla como el pueblo de donde venía — olona — que con el tiempo se convirtió en lona. Y de lona, loneta. La loneta es la hermana elegante y manejable de aquel tejido histórico. Tiene cuerpo, pero se deja querer. Es fuerte, pero tiene la flexibilidad suficiente para coserla y trabajarla sin complicaciones. ¿Para qué se usa la loneta? Es una de las telas más versátiles que existen: ¿Qué loneta tenemos en Claudia de L’Horta? La misma tela que desafió el mar hoy da carácter al rincón favorito de tu casa. En nuestra tienda de Catarroja (Valencia) encontrarás loneta estampada y lisa, con 2,80m de ancho — perfecta para proyectos grandes sin costuras en el centro. Puedes venir a verla y tocarla en el Camí Real, 91 de Catarroja, o comprarla directamente en nuestra tienda online. Si tienes dudas, escríbenos por WhatsApp. La misma tela que desafió el mar, hoy da carácter al rincón favorito de tu casa. ¿Quieres ver la tela en movimiento? 👉 [Mírala en nuestro Instagram] : https://www.instagram.com/reel/DYSa03-MLLt/?igsh=anhva3J3bDFvb2Nk

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El Damasco: el tejido que viajó desde Siria hasta Valencia

Hay tejidos con historia. Y luego está el damasco — una tela que debe su nombre a la ciudad de Damasco, capital de Siria, por donde llegaba a Europa a través de la Ruta de la Seda. Siglos de viaje, de comercio, de elegancia. ¿Mató el damasco a Napoleón? Cuando Napoleón fue desterrado a la isla de Santa Elena, las paredes de su dormitorio estaban tapizadas en damasco verde. Y se cree que el arsénico presente en los tintes de aquel tejido contribuyó lentamente a su deterioro de salud. Una teoría que nunca se ha descartado del todo. Un tejido noble desde siempre Durante siglos, el damasco fue el preferido para vestiduras litúrgicas y trajes de coronación en toda Europa. No era un tejido cualquiera — era el tejido de los poderosos. Y su secreto está en cómo está hecho: es reversible, con el anverso y el reverso exactamente iguales pero con el brillo invertido. El dibujo se forma por el contraste entre la trama satinada y el fondo mate, sin bordados ni añadidos. Todo el dibujo nace del propio tejido. Por eso, cuando le da la luz, el diseño parece que aparece y desaparece según el ángulo. El damasco en la indumentaria valenciana El damasco sigue muy presente en Valencia. La Fallera Mayor de 2025 llevó un traje hecho en damasco blanco. Y también se usa como pañolón para que las falleras se protejan del frío — elegancia y funcionalidad a la vez. ¿Para qué puedes usar el damasco? En Claudia de L’Horta tenemos damasco por metros en nuestra tienda de Catarroja (Valencia) y en nuestra tienda online. Si tienes dudas sobre qué damasco elegir para tu proyecto, escríbenos por WhatsApp — estamos aquí para ayudarte. Un tejido que viajó desde Siria hasta Valencia a través de siglos de historia. Y que hoy, sigue siendo pura elegancia. ¿Quieres ver la tela en movimiento? 👉 [Mírala en nuestro Instagram] : https://www.instagram.com/reel/DYhLv-Ds4KF/?igsh=MWt4dDV4Nm90YTAzMQ==

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El Jacquard: la tela que cambió la historia

El jacquard no se estampa, se teje hilo a hilo. Descubre la historia de esta tela con más de 200 años y por qué sigue siendo artesanía de verdad. Hay tejidos que simplemente se ven bonitos. Y luego está el jacquard — una tela que no se estampa, sino que se teje. Cada dibujo, hilo a hilo, construido desde dentro. Un invento que lo cambió todo En 1804, un francés llamado Joseph Marie Jacquard creó un telar que funcionaba con tarjetas perforadas — algo así como un lenguaje secreto entre la máquina y el tejido. Fue tan revolucionario que los propios tejedores de Lyon quemaron el telar por miedo a perder su trabajo. Lo irónico es que ese mismo invento inspiraría los primeros ordenadores. Sí, la informática moderna tiene algo de jacquard. Dos siglos después, sigue aquí Y no por casualidad. El jacquard no ha necesitado mejoras porque ya era perfecto. Hoy sigue muy presente en la indumentaria valenciana — justillos, chalecos, faldas — donde la calidad y el detalle no son opcionales. Pásale el dedo. Notarás la diferencia. Esa textura que sientes es artesanía real, no una impresión sobre tela. ¿Para qué puedes usar el jacquard? En Claudia de L’Horta tenemos jacquard por metros en nuestra tienda de Catarroja (Valencia) y también en nuestra tienda online. Si tienes dudas sobre qué jacquard elegir para tu proyecto, escríbenos por WhatsApp — estamos aquí para ayudarte. Porque cuando llevas jacquard, llevas contigo artesanía, sutileza, belleza y un invento que cambió la historia. ¿Quieres ver la tela en movimiento? 👉 [Mírala en nuestro Instagram] : https://www.instagram.com/reel/DXuZTepADFX/?igsh=enQ3c2V4emE1d2Ex

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