Antes de escribir, ya hilábamos. Los hilos más antiguos que se conservan aparecieron en una cueva de Georgia, en el Cáucaso: fibras de lino salvaje retorcidas a mano y teñidas de colores hace más de treinta mil años. Y lo que más me sigue asombrando no es su edad, sino eso: que a alguien, en plena Edad de Hielo, ya le importara de qué color era su hilo.
Una cueva en las faldas del Cáucaso
La cueva se llama Dzudzuana y está en la región de Imereti, en el oeste de Georgia. Allí trabajó un equipo de arqueólogos dirigido por Eliso Kvavadze, del Museo Nacional de Georgia, y Ofer Bar-Yosef, de la Universidad de Harvard. Publicaron el hallazgo en la revista Science en septiembre de 2009.
Lo curioso es que nadie encontró un ovillo ni un trozo de tela. Los hilos aparecieron al analizar al microscopio muestras de arcilla de las distintas capas del suelo de la cueva. Eran fibras diminutas, invisibles a simple vista, que habían sobrevivido decenas de miles de años atrapadas en el barro.
La cueva estuvo habitada en varias épocas, y las capas más antiguas con fibras de lino se fechan por radiocarbono entre hace unos 36.000 y 31.000 años. Por eso se habla de «más de treinta mil años».
Hilado, anudado y teñido
Que haya fibras de lino en una cueva no tendría nada de especial: el lino crecía silvestre en los alrededores. Lo que hace único este hallazgo es lo que alguien hizo con ellas.
Muchas fibras están retorcidas, que es la señal inequívoca de que se hilaron a mano. Algunas aparecen anudadas. Y otras están teñidas. Los colores que más se han citado son el negro, el gris, el turquesa y el rosa, aunque el estudio describe una gama todavía más amplia de tonos. Los propios investigadores interpretan esos colores como tintes intencionados, porque la mayoría de las fibras de la cueva conservan su color natural.
Junto al lino aparecieron también pelos de tur, una cabra salvaje del Cáucaso, y restos de pequeños escarabajos que se alimentan de pieles. Todo junto dibuja un taller: gente que trabajaba pieles, que hilaba y que, muy probablemente, cosía.
¿Para qué servían esos hilos?
Aquí hay que ser honestos: no lo sabemos con certeza. Los autores del estudio proponen varias posibilidades. Cuerdas para atar las puntas de piedra a sus mangos. Cestas. O hilo para coser pieles y hacer ropa y calzado con los que aguantar el frío.
Lo que no se ha encontrado es una tela tejida en telar de esa época. Especialistas en historia textil como Elizabeth Barber recuerdan que el tejido propiamente dicho llega algo más tarde: las huellas de tejidos más antiguas que conocemos quedaron impresas en barro cocido en yacimientos de la actual República Checa, como Dolní Věstonice. Lo de Dzudzuana es el paso anterior, el primero: convertir una planta en hilo.
Antes de la escritura, la cerámica y la agricultura
Para hacerse una idea de lo lejos que queda todo esto conviene ponerlo en fila.
La escritura nació en Mesopotamia hace unos 5.000 años. Esos hilos son, por tanto, unas seis veces más antiguos que la escritura. Son anteriores a la cerámica más antigua que conocemos, de hace unos 20.000 años, y a la agricultura, que empieza hace unos 11.000. Cuando alguien tiñó de rosa aquellas fibras, Europa y Asia estaban en plena última glaciación.
Y aun así, con todo lo que había que hacer para sobrevivir, alguien se tomó el trabajo de buscar un color. Un hilo negro sujeta igual que uno rosa. Un hilo turquesa no abriga más que uno gris. Teñirlo no era una necesidad: era una elección.
Por eso me gusta tanto esta historia. No hilamos solo para abrigarnos. Hilamos porque nos gustaba.
Treinta mil años después, seguimos eligiendo color
En la tienda lo veo cada día. Una clienta entra sabiendo qué tejido necesita, y luego pasa diez minutos delante de la estantería eligiendo el color. Es exactamente lo mismo que hacía alguien en aquella cueva.
Algunas cosas que te ayudan a elegir bien:
- Mira la tela con luz natural. La luz de una tienda o de casa por la noche cambia mucho los tonos, sobre todo los azules, verdes y grises. Si dudas, acércala a la puerta.
- Fíjate en si el color está en el hilo o encima. Hay tejidos, como el vichy, que se tejen con hilos ya teñidos, y por eso se ven iguales por las dos caras y aguantan muy bien los lavados. Otros llevan el dibujo estampado sobre la tela. Ninguno es mejor que otro, pero sirven para cosas distintas.
- Piensa en dónde va a vivir la tela. Unas cortinas al sol, un mantel que se lava cada semana o una funda de cojín no piden lo mismo. El color se elige con los ojos, pero también según el uso.
- Lleva una muestra a casa cuando vayas a combinar con muebles, paredes u otras telas. Lo que en el mostrador parece perfecto puede cambiar mucho al lado de tu sofá.
[CONFIRMAR: si tienes lino por metro en catálogo, aquí encaja un párrafo sobre él (tacto, caída, usos) con enlace al producto; si no, se queda así]
Ven a elegir el tuyo
Si estás pensando en un proyecto y no sabes qué tejido o qué color le va, pásate por Claudia de L’Horta, en Catarroja. Lo vemos juntas con la tela en la mano, que es como mejor se elige. Abrimos de 10:30 a 13:30 y de 17:30 a 20:00, y también puedes ver el catálogo en claudiadelhorta.com.
Treinta mil años después, aquí seguimos. Eligiendo color.




